Los medios van a perder. Otra vez

Foto de Daniel Robert en Unsplash

Esto ya lo hemos vivido. Tercera batalla. Y esta también la van a perder los medios. Por cortoplacistas y cerrados de mollera.

Al principio, los medios vendían su trabajo en papel. Aquel que quería leerlo debía comprar un soporte físico: un periódico, una revista, una edición de domingo. Bueno, comprarlo o alquilarlo a cambio de un café o una cerveza, un corte de pelo o una sala de espera. Pero todo empezaba en comprar el periódico o la revista.

Con la era de internet, muchos medios decidieron regalar su trabajo a los usuarios a cambio de publicidad. Entonces empezó a producirse una devaluación brutal: lo que antes tenía un precio, ahora valía para el anunciante mil veces menos. Ahí perdieron su primera batalla.

La segunda la perdieron cuando aceptaron que Google les pagara por poder mostrar fragmentos, titulares, resúmenes y ventanas de sus noticias. Parecía dinero fácil, incluso una compensación justa. Pero en realidad era otra cesión. El medio seguía haciendo el trabajo caro: investigar, llamar, contrastar, editar, opinar, exponerse. La plataforma se quedaba con la posición dominante: ordenar la atención, controlar el escaparate y decidir quién existía cada mañana ante millones de lectores.

Y ahora están clavando el tercer clavo en el ataúd.

La inteligencia artificial no quiere solo enlazar a las noticias. Quiere leerlas, resumirlas, empaquetarlas y responder con ellas. Pero quiere hacerlo ella para retener al usuario. Quiere convertir años de oficio periodístico en una respuesta limpia, rápida, simple y cómoda dentro de Google, Gemini o cualquier otro producto cerrado. El lector pregunta, la máquina contesta y el medio desaparece en una cita secundaria, en un enlace que nadie pulsa, en una atribución educada que no paga nóminas.

Nos dirán que es innovación. Que habrá enlaces. Que habrá exposición. Que habrá acuerdos. Que los usuarios podrán ir a la fuente. Pero eso también lo hemos vivido. La mayoría no irá. No porque la gente sea mala sino porque internet ha sido diseñado para ahorrar esfuerzo. Si Google da una respuesta arriba, con tono de autoridad, pocos bajarán a comprobar quién hizo el trabajo.

Y ahí está el verdadero abuso: tomar el contenido de los medios, construir con él productos propios, reducir el tráfico hacia quienes lo produjeron y luego pedirles que sonrían porque aparecen citados al margen. Se mean encima y hay que darle las gracias, parece.

El periodismo no es una materia prima gratuita. No es una mina de frases para alimentar modelos. Detrás de cada información hay reporteros, fuentes, editores, abogados, fotógrafos, noches sin dormir y una responsabilidad pública que no tiene una plataforma tecnológica cuando solo busca retener usuarios.

Los medios están asfixiados, sí. Muchos necesitan dinero. Obvio. Pero aceptar condiciones amplias para que las tecnológicas entrenen, resuman y distribuyan su contenido es pan para hoy y mierda para mañana. Los grandes quizá negocien algo. Los pequeños, como siempre, quedarán fuera de la mesa.

Si los medios entregan su archivo, su presente y su relación con los lectores al dueño del escaparate, estarán firmando su dependencia definitiva de un modelo de negocio para el que son accesorios sustituibles y prescindibles.

Ya perdieron el papel.

Ya perdieron buena parte de la publicidad.

Que no pierdan también la voz.

Foto de Daniel Robert en Unsplash

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